
Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido presidente de Brasil tras imponerse en una de las elecciones más reñidas de la historia reciente del país. Con el 99,84% de las urnas escrutadas, el mandatario obtuvo el 51,76% de los votos válidos frente al 48,24% de Flávio Bolsonaro, una diferencia superior a los 4,3 millones de sufragios.
El resultado marca un hecho inédito en la política brasileña: Lula logró revertir la derrota sufrida en la primera vuelta, cuando Bolsonaro había quedado al frente con el 47,03% de los votos contra el 45,16% del candidato del PT. Es la primera vez desde el regreso de la democracia que un postulante que terminó segundo en la primera ronda consigue ganar el balotaje.
Durante buena parte del escrutinio la definición se mantuvo abierta. Bolsonaro tomó la delantera en los primeros tramos del conteo, pero la incorporación de los votos provenientes del nordeste brasileño —una región históricamente favorable al PT— permitió que Lula recuperara el liderazgo y ampliara progresivamente la ventaja hasta volverla irreversible.
La jornada electoral también estuvo marcada por una decisión excepcional del Tribunal Superior Electoral, que extendió dos horas el horario de votación y suspendió temporalmente la difusión de resultados mientras permanecían abiertas las urnas.
A sus 80 años, Lula iniciará en 2027 un histórico cuarto período presidencial, tras haber gobernado entre 2003 y 2010 y regresar al Palacio del Planalto en 2023. Con esta victoria se convierte en el mandatario brasileño con más mandatos obtenidos mediante elecciones democráticas.
Sin embargo, el escenario que enfrentará no será sencillo. Brasil llega a esta nueva etapa con una fuerte polarización política y un Congreso donde el bolsonarismo mantiene una presencia significativa, lo que anticipa negociaciones complejas para impulsar la agenda del Gobierno durante los próximos cuatro años.