
Agustín Álvarez y Natalia Chirino viven en una casa precaria, con solo una cocina y dos piezas, junto a sus 7 hijos. Este sábado, por un desperfecto eléctrico y el viento, se quedaron con lo puesto y hasta perdieron el principal medio de trabajo de la mujer.
La familia es de la Villa Hipódromo y tras el siniestro no saben cómo van a poder salir adelante. “Empezó en la pieza de los niños, donde tenía todo lo de ellos, la ropa, los zapatos y hasta los útiles. No tienen ni para volver a la escuela este lunes”, explicó la mujer en diálogo con Diario Huarpe. La mayor tiene 12 años y el más chiquito apenas 2.
El incendio se desencadenó en minutos y no pudieron hacer casi nada para controlarlo. El viento que empezó a sentirse desde el mediodía del sábado empeoró la situación y esparció las llamas. Además tuvieron que romper una puerta para liberar a 3 de los siete chicos, que en medio de la angustia y el apuro habían quedado encerrados en otra habitación.
Entre intentar poner a salvo a toda la familia, pedir ayuda y hasta intentar sacar un poco de cosas, ni Agustín ni Natalia llegaron a salvar gran cosa. Con el pasar de los minutos y las horas van encontrando nuevas pertenencias destruidas entre los escombros de la pieza que se quemó, ya que cedió el techo.
Todo empezó cerca de las 14:30. Los dos adultos se encontraban en el patio de la casa y los niños estaban en el lugar, algunos adentro y otros afuera. La vivienda tenía un comedor con una habitación unida y otra piecita a pocos metros donde dormían la mayoría de los chicos y que servía para acumular buena parte de las pertenencias.
Como el espacio era chico, en esa habitación anexa estaban los colchones, cuchetas donde dormían los menores y sus cosas, pero también un pequeño armario donde guardaban mercadería y una máquina de coser. Esta última es la que Natalia utiliza para trabajar, ya que por lo general se dedica a la cosecha, pero como la temporada viene tarde y hay pocos puestos, en sus días libres hace arreglos de ropa.
La joven madre estaba cerca cuando todo empezó. Primero escuchó “una explosión como de un corto circuito”, contó, pero no alcanzó a ver nada. Agustín piensa que puede haber empezado porque la conexión eléctrica rudimentaria estaba expuesta al viento y los cables iban y venían con fuerza.
Natalia fue hasta la cocina a revisar y no alcanzó a terminar de ver que estaba todo bien cuando vio el humo salir de la habitación que está un poco apartada. En ese momento se dieron dos cosas en simultáneo: mientras la mujer pedía ayuda e intentaban rescatar “al menos los útiles para que puedan estudiar”, se dieron cuenta que en la habitación que da a la cocina tres de sus hijos se habían quedado encerrados.
Fueron unos 10 minutos de desesperación, al ver que los chicos asustados se habían quedado solo adentro de esa zona y no podían salir. Muy cerca hay un árbol que, según la mujer, amenazaba con trasladar las llamas de una zona a la otra. Por eso los vecinos decidieron bajar a patadas la puerta y poner a resguardo los chicos.
De ahí, en menos de una hora, la familia se había quedado con lo puesto. En el resto de la casa hubo también algunos daños, pero sobre todo lo que tenían en la zona donde empezó el incendio quedó reducido a cenizas.
Si bien decidieron quedarse en la casa de unos familiares cerca, no saben cómo van a hacer para reponer lo que necesitan. Sobre todo ahora, que la fuente de dinero alternativa del grupo, los arreglos que hacía Natalia, ya no son una opción y solo queda el ingreso de Agustín, que trabaja en un lavadero. Por eso dejaron a disposición un número de teléfono, el 2645637770, para aquellos que quieran ayudarlos.
Fuente: Diario Huarpe.