
Las filmaciones endiosando a la jueza Julieta Makintach forzarán definiciones este martes. En el edificio de los tribunales de San Isidro ven improbable que ella misma decida dar un paso al costado con el argumento de que “es injusto, pero sufro violencia moral”. Por lo tanto, tendrán la palabra los otros dos jueces del Tribunal Oral Penal 3, Maximiliano Savarino y Verónica Di Tommaso. Podrían recusarla ellos mismos o, por el contrario, sostenerla aduciendo que nada de lo difundido afecta su imparcialidad. La mayoría de los fiscales y jueces consultados por Página/12 creen que Makintach violó las normas internacionales, establecidas por las Naciones Unidas, que prohíbe a los jueces tener “conductas indecorosas, inapropiadas, que no hacen a su función institucional”. Por lo tanto, afirman que la jueza no puede seguir en el juicio.
En un sentido parecido, la Facultad de Derecho de la Universidad Austral tomó la decision de suspender por tiempo indeterminado a Makintach hasta que se aclaren los hechos. La jueza es docente allí desde hace diez años. En San Isidro hay voces que insisten en que el juicio y las audiencias realizadas hasta acá deben salvarse. Es decir, designar un nuevo juez, que vea los videos de todas las audiencias y, cuando esté en condiciones, reanudar. Por supuesto, habrá objeciones, pedidos de nulidades y lo que cada parte pensará que le conviene.
En principio, no creen en San Isidro que las imágenes sean parte un documental para una plataforma, pero tampoco se puede descartar. Los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren no pueden desechar la idea de que se trate de un negocio, que exista un guion y que ese guion esté direccionado. Eso sería hacer dinero con el juicio a Maradona, algo violatorio de cualquier norma. Y habría que ver qué dirección tenía ese guion, porque afectaría de manera grosera la imparcialidad. Por ahora, no hay pruebas de eso.
Hay un hecho que sí parece probado y es que la jueza mintió. Cuando el abogado de Leopoldo Luque, Julio Rivas, señaló a las dos personas que estaban tomando imágenes de las audiencias --algo que fue vedado por la Corte bonaerense--, ella dijo que no tenía nada que ver con ellos y las evidencias demostraron que sí. No sólo ingresaron a la sala con el visto bueno de Makintach, sino que está claro que también filmaron un domingo, en la semana previa al juicio. Esa mentira de la magistrada la pone en una situación de poca confiabilidad, más allá de que en la denuncia intentarán adjudicarle delitos más bien difusos: incumplimiento de los deberes de funcionario público, abuso de autoridad y tal vez otros.