Una dependencia gubernamental se encontró con una misteriosa escena

Ocurrió en el departamento de Hidráulica donde los trabajadores encontraron cientos de "bloques de sangre", que eran hielos rojos derritiéndose acompañados de un mensaje oculto.

Una dependencia gubernamental se encontró con una misteriosa escena
Policiales

Este martes 31 de octubre a primera hora de la jornada, la vereda del departamento de Hidráulica de San Juan amaneció cubierto de una importante cantidad de "bloques de sangre" acompañados de un duro mensaje contra el organismo a cargo de Guadalupe López. Junto a los llamativos cubos de hielo rojo, quienes llevaron adelante la protesta, dejaron pegados la imagen de un código QR el cual dirige a un pedido para la actualización del Código del Agua. 

Esta situación se da en medio del conflicto que se desarrolló desde hace unas semanas luego de las declaraciones del presidente de la Junta de Riego de Chimbas y de la Federación de Viñateros de San Juan, Eduardo Garcés, pidiendo que la conducción del departamento de Hidráulica, actualmente a cargo de Guadalupe López, quede en manos de un hombre para el año 2024. 

Se presume que los bloques de hielo de color rojo fueron colocados a primera hora de la mañana de este martes 31 de octubre, coincidiendo con la celebración de Halloween, por lo que no se descarta que se haya aprovechado la fecha para llevar adelante la llamativa protesta que sorprendió tanto a los trabajadores del lugar como la gente que pasaba por el lugar. 

Los bloques de sangre estuvieron acompañados de una imagen con la frase "Democracia es también un nuevo Código de Aguas", el cual redirige a un extenso texto, sin firma, pidiendo por la pronta reforma del decreto. 

 

El pedido completo

"Somos quienes fuimos endoculturados bajo la narrativa que afirmó que nuestro suelo era un desierto hostil sobre el cual la ciencia y la técnica impusieron un oasis. Pero hemos interrogado las grietas de nuestra tierra reseca, hemos deshecho sobre nuestras manos, los cascotes de barro salitrado y nos han revelado una verdad: Primero se hizo el desierto, para luego imponer sobre el mismo un oasis. La cuenca del río San Juan es testigo del desecamiento antrópico de su humedal más importante. Guanacache es una herida abierta en la historia local. Hoy resulta inverosímil comprender cómo fue que el humedal de mayor magnitud se haya convertido en uno de los desiertos más hostiles de la tierra.

Estos prismas de hielo se derriten al sol como se derriten la escasa nieve precipitada este año. Pretenden comprobar que el recurso hídrico es finito. Son rojos porque conjugan vino y sangre, los dos elementos resultado del progreso. El vino, de las grandes élites industriales cuyanas compuestas de migrantes principalmente italianos y españoles y la sangre de los huarpes laguneros, de los caudillos y montoneros gauchos, que con la lanza y el cuchillo defendieron su territorio entregando la vida.

Las grietas de la reseca tierra gritan que el manejo hídrico de San Juan no es muy diferente al del siglo XVIII. Se riega con un sistema ineficiente, el reparto es mucho más político que ecológico y una tríada de hombres del departamento de hidráulica son los verdaderos administradores del recurso más preciado de estas latitudes. Apoyados en un código de aguas vetusto y sancionado por un gobierno de facto, prohíben expresamente repartir el agua con criterios que consideren las diferencias entre los distintos cultivos, así como cristalizan la relación entre acceso al agua de riego y propiedad privada de la tierra. Ellos mismos perjudican a otros cientos de productores, que resultan excluidos de las lógicas de poder de un cronograma de riego pensado en forma excluyente para un sector.

A 40 años del retorno a la Democracia, San Juan necesita con urgencia un nuevo código de aguas que esté dispuesto a tocar los intereses de los sectores que históricamente detentan el control de los recursos hídricos. De lo contrario nos sometemos a una ecuación que no cierra, en la que el agua se termina. Porque creemos en la posibilidad de romper la negación psicótica que promulga "no mirar los diques" (que evidencian que el agua que se gasta es mayor que la que se acumula), la misma negación que nos ha llevado a poner las presas en riesgo, generando un posible perjuicio a todos los habitantes de la cuenca del río San Juan, por la presión de un grupo minoritario cegado en su lucha por conservar posiciones feudales de poder.

Instamos al nuevo Gobierno provincial a partir del 10 de diciembre a construir un espacio democrático que sea capaz de iniciar una discusión para la construcción de un nuevo código de aguas, donde el protagonismo lo tenga toda la sociedad y ningún grupo se crea con derecho a apropiarse de un bien común como el agua.

DEMOCRACIA ES TAMBIÉN UN NUEVO CÓDIGO DE AGUAS".

 

Fuente: Diario Huarpe. 

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